Violencia a la vista

Ha pasado una semana desde  que un profesor murió apuñalado por un alumno de 13 años  en un Instituto de Secundaria en Barcelona.

Hoy leí un artículo de Rafael Arenas en la Razón donde habla de LA víctima, es decir, el profesor y del desprecio que supone que Irene Rigau, la consejera de educación, hablara del asesino como la gran víctima dejando claro “ que los profesores no cuentan, ni siquiera cuando mueren en su centro docente yendo más allá del cumplimiento de sus obligaciones laborales.”

Cuando hay menores o muertos, soy de la idea de dejar reposar un poco las ideas antes de juntar unas cuantas en un texto y me gusta que pasada una semana alguien se acuerde del profesor y de las obligaciones de los docentes.

Hecho el reconocimiento a la que considero la única víctima de este suceso, me quedo con la conciencia tan en paz como el tema lo permite y donde acaba Rafael Arenas, comienzo con unas cuantas reflexiones.

Me pregunto hasta dónde llegan las obligaciones del profesorado.

En los institutos existe cierto control y orientación a los jóvenes. Dentro del trabajo de tutoría se incluye el conocimiento de los alumnos a cargo del docente responsable del grupo y el trabajo de temas sensibles. Los tutores, en el mejor de los casos, deben tener una idea de qué persona hay en cada pupitre. Pero claro, en el mejor de los casos. Habrá que considerar que los docentes son individuos con su vida, sus  ideas, su formación particular y  se pueden hacer un concepto general  de cada uno. La imagen que se hacen de cada joven no es infalible porque la perspectiva es la del observador, y no lo digo como crítica, sino como simple descripción de la realidad. Quizás por eso los protocolos de prevención tienen su razón de ser. Al menos aportan una serie de señales estándar a tomar en cuenta y ofrecen modos de actuar cuando hay incidentes y supongo que si esto no se ha hecho lo suficiente, se hará, por la cuenta que nos trae a todos.

La prisa de las autoridades educativas por describir la situación como el producto de un brote psicótico, aunque sea más que probable que haya un trastorno psicótico, me parece bastante desafortunada. Cuando hubo una serie de señales previas y lo sabe todo el mundo porque los propios compañeros en su desahogo ya se encargaron de decirnos sin tapujos lo que había , no se puede zanjar el tema hablando de un brote repentino, un caso aislado y todos contentos.

Hay un asesinato y el que asesina es un asesino.

Luego se puede pasar al diagnóstico y hacer una revisión a fondo de lo que falla en el camino para que se llegue a situaciones como esta.

Violencia hay y mucha. No todos los adolescentes violentos son psicóticos, ni todos los psicóticos asesinan, ni siquiera todos los violentos asesinan, sólo faltaría. Pero ¿y qué?

¿Vamos a hablar de las cosas que sí pasan o nos vamos a quedar pasmados  hablando de un brote psicótico y a esperar a que  el tiempo cure las heridas?

La frase: “te espero en la calle” se sigue oyendo. Sigue apareciendo el hermano mayor de la compañera para amenazar al esmirriado que se lleva mal con su hermana, se sigue insultando al profesor, se sigue haciendo ciberbullying al feo del grupo hasta que se hunde en la miseria.

Sigue habiendo chulería por encima de nuestras posibilidades y la autoridad del profesorado estás francamente diezmada.

Yo a veces hasta lo entiendo, no os penséis. Los profesores a menudo se ven sobrepasados por situaciones como esta y otras afortunadamente mucho menos graves. Algunos pierden la autoridad simplemente porque no les da para entender que hay niños que necesitan aprender en la lengua que hablan en su casa y toman actitudes que les hacen quedar como una caricatura bien alejada de la tan necesaria imagen del respetable profesor.

Hay casos en que los profesores se ven amenazados por “las criaturas” y sus familias y están francamente atados y sin margen de maniobra ninguno. En el aula y en los ratos no lectivos se producen situaciones que si uno no las hubiese visto nunca creería que le toman el pelo. Algunos claudican y abandonan. Yo conozco alguno.

Para mi gusto sobran cada vez más  chavales que pululan por las calles y pasan horas largas sin supervisión de sus padres. Sobran caprichos que sustituyen presencias. Sobran comunicaciones innecesarias y faltan ratos de sentarse a la mesa, de preguntar la lección o de poner la oreja para conocer las aventuras diarias de los que salen al mundo de los mayores como mejor pueden.

A veces las presiones de la vida nos alejan de los jóvenes, a ellos la urgencia por ser mayores les aleja de nosotros y hay un mientras. El mientras que se llena de estímulos, de gente nueva, de mensajes contradictorios, de cuerpos que cambian. Hay violencia que va y viene y sobran oportunidades para que cada uno saque lo peor de sí mismo cuando falta el necesario control.

Pero de nuevo pongámonos en el ”mejor de los casos”. En el mejor de los casos, muchos aquí sobreviven con más o menos éxito a una adolescencia vivida en un  este mundo, pero también hay una factura social y eso no se puede perder de vista.

Es verdad que  es necesario hacer un diagnóstico. Habrá que mirar a la cara de esta sociedad y hacer algo.  Como en muchos casos clínicos, lo más importante quizás  no sea encuadrar el tema y obsesionarse por llamarle de alguna manera sino encontrar la disposición de las partes para dar pasos que lleven  a nuestros jóvenes, sus familias y sus profesores a algún sitio donde no acabemos todos siendo víctimas de nuestra propia inercia.

Aquí  sí pasan cosas. Y no pocas.

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2 comentarios en “Violencia a la vista

  1. Gracias por la cita. Me alegra que te animes a ir más allá de lo que se ha dicho sobre esta tragedia. Me preocupa mucho que oficialmente se haya ventilado de una forma tan extraña, tan poco atenta a los detalles y con un grado tan escaso de crítica dentro del sistema educativo; como si la prioridad fuera eliminar cualquier posibilidad de encontrar alguna responsabilidad en el funcionamiento del propio sistema.

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  2. Se tienen muy sobrevaloradas la supervisión de los padres sobre los menores: muchos son incapaces por sí mismos de transmitir valores de respeto, empatía, tolerancia…

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