Fronteras. Crónica de una paseo por un querido trozo de España

Artículo publicado el 3 de septiembre de 2015 en el http://www.democrataliberal.com

Cuando me leáis habremos cruzado la frontera entre agosto y septiembre y yo habré dejado mi refugio aragonés para cruzar de nuevo la “frontera catalana”, esa que no existe pero que es tan visible como la niebla en la autopista en las inmediaciones de río Segre en invierno.

Estas últimas semanas he cruzado unas cuantas de estas “fronteras”, unas más visibles que otras.

Una muy impresionante fue la de los tiempos, la que nos separa de nuestros antepasados remotos. Gracias a un grupo de arqueólogos que hacen de divulgadores a tiempo parcial mis hijos han conocido lo que hace un arqueólogo de verdad. De la mano de una guía de lujo han podido conocer la que fue morada del “Homo Antecessor” y ver restos de homínidos, fauna y flora que desde 1978 se han encontrado en la Sierra de Atapuerca en un trabajo que se hace sin prisa pero sin pausa excavando en verano y documentando el resto del año.

Quizás el mejor regalo de la brillante arqueóloga burgalesa que nos guío por las fronteras de los tiempos, fue el ofrecido a mi hija adolescente que agradeció con un: “pues este trabajo que hacen los arqueólogos es muy chulo, me gusta”. Si en algo hemos ayudado a abrir las puertas de una joven cabeza, vamos bien.

Mi camino sigue hacia Galicia y Asturias. A propósito de puertas y fronteras, las administraciones de las distintas comunidades autónomas se empeñan en diferenciar con carteles los límites geográficos. Sin embargo, las fronteras mentales tienden tozudamente a borrarse en aquellos sitios en que las personas comparten todo. Es el caso de la zona que rodea la ría de Ribadeo que es asturiana a un lado y gallega por el otro. Ahí, quien no sabe de qué lado está no tiene bastante con aguzar el oído. El castellano y el eonaviego, variante asturiana del gallego, conviven a ambos lados de la ría como lo hacen sus habitantes sin que aparentemente a nadie le preocupe si el vecino de la casa de al lado en Castropol es gallego y vive en Asturias pero luego trabaja en Ribadeo, que está del lado gallego. Yo me enteraba si el trozo pisado era Asturias o Galicia gracias a los mapas, a los carteles donde sobre todo la administración gallega se empeñaba en hacerse presente o bien con ayuda de uno que es mi enciclopedia personal, y compañero de viaje en el sentido más amplio, que por cierto no fue a una escuela moderna de esas donde la memorización da urticaria, y entonces sabe ubicar ríos y afluentes como cuando lo sacaban a la pizarra.

Cuando llegamos a Asturias acababan de pasar las fiestas en algunos pueblos y es verdad que viniendo de Cataluña la impresión de despertar en un pueblo que celebra adornándose con banderas asturianas y españolas, al principio llama la atención. La gente, sea gallega, asturiana o guiri como yo camina por el pueblo tan ancha con esos símbolos colgando por todas partes. Una tarde tuve una charla con una centroeuropea que regentaba nuestro hotel y que llamaba a Asturias “mi terrina”. Contaba que sólo alguna vez tuvo follón en las fiestas porque un huésped que resultó ser un obtuso nacionalista vecino tenía pesadillas. Él había pagado por una habitación y la suya, desde la calle, lucía una rojigualda, lo cual era absolutamente “intolerable y ofensivo”. Creedme que aquella asturiana de adopción hacía cara de desconcierto durante el relato. Es que a alguien que creció en la Rumania de Ceaucescu esto le parecen chorradas aunque al del insomnio no le diese por pensar en ello. Alguno necesita transportar la tontería fuera de su casa y lucir por ahí sus fronteras mentales como si fuesen motivo de orgullo.

A pesar de lo fresca y encantadora que es la zona mi verano nómada continuaba. No me quejaré porque no puede ni debe hacerlo alguien que se moja los pies en el agua fría del cantábrico mirando el verde desde la playa. Abrir los ojos y oír vacas a los lejos, caminar por senderos donde las moras dejan de ser sorprendentes y pasear por ciudades en que la gente se viste y se peina para salir a la calle es un placer que ni Revilla ha conseguido quitarme en su tierra, una de mis favoritas “del mundo mundial”. Al final todo se va acabando y poco a poco hay que pasar la frontera entre el placer y el asueto hacia lo cotidiano.

Mi nomadismo acaba en el refugio zaragozano. Tomo aire para volver. Aire caliente, ya lo sé, pero da igual.

La prensa local habla de tantos por ciento, las voces conocidas se declaran francamente hasta el moño de los vecinos invasores que no tienen bastante con sus privilegios y con calentarle los últimos tres veranos a toda España, que ahora van ofreciendo conceder la nacionalidad catalana a los habitantes de la franja oriental aragonesa en caso de una hipotética independencia de Cataluña.

¿Lo véis? Vuelven las preocupaciones cotidianas. Otra vez se acerca el once de septiembre y su parafernalia. Venga de nuevo a tapar el sol con un dedo. Al menos los que se llenan la boca de expolio, maltrato y falta de cariño tienen al aire su 3% que no es más que la punta del iceberg. Es más que conocido y siento decir que no me apetece nada volver a un sitio en el que el vecino pone una bandera estelada encima de mi casa para recordarle al vecindario que él no quiere ser español. Si ya lo sabemos todos. Algunos tienen tal necesidad de anunciarlo que lo llevan escrito hasta en la mochila de las bolsas para las cacas del perro.

Fronteras mentales de nuevo. Parte de la población catalana prefiere ignorar que llevan 35 años siendo parte del plan de un hombre que nunca ha estado interesado más que en preservarse a sí mismo y a los suyos. Es verdad que lo ha hecho con la connivencia de los gobiernos centrales que los han necesitado para aprobar presupuestos y tapar vergüenzas. Algunos nos cansamos de ver a Artur Mas, heredero de la política pujoliana (más por imposibilidad de colocar a los hijos, que por sus grandes virtudes), destrozar todo lo que toca. Quizás tenía que llegar él para que el tinglado anterior se fuese desmontando poco a poco como lo hace desde que comenzó su huída hacia adelante.

No es por nada, pero una servidora no le ha creído ni las comas ni a uno ni al otro. Esto no es raro. Cuando has crecido en México y estás más o menos alerta, sabes que lo que se ve nunca es todo lo que hay. Yo he visto erigirse la hoy desaparecida “colina del perro” en la ciudad de México. Aún recuerdo, siendo niña aquel discurso del presidente López Portillo en un informe de gobierno (que por cierto, se hace cada 1 de septiembre) en el que dijo, previa devaluación y nacionalización de la banca, que defendería el peso como un perro. Luego los ahorros de los mexicanos se dividieron por la mitad o menos, la economía empeoró ostensiblemente incluida la de mis padres y abuelos. El presidente acabó la legislatura siendo dueño de una finca grandiosa que recibió el nombre de “colina del perro” en “honor” al “defensor del peso” y a la montaña que se cargó para construir su casa .

Lo de los grandes estadistas catalanes de la saga pujoliana también me recuerda a Carlos Salinas que al final de un mandato de gran crecimiento económico resultó que había maquillado todas las cifras macroeconómicas y que en realidad estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y gobernados por un mentiroso con un hermano “incómodo” que hace pocos meses salió de la cárcel. Claro, los presidentes son aforados y él se dedicó a la “vida Padre” en Irlanda, si no me falla la memoria.

Pues nada, no comparo más, que el lector también tiene derecho a pensar si las historias de otras latitudes se parecen o no a las de aquí. Todo esto a cuenta de fronteras y tantos por ciento y del cabreo que me da tener que volver a un sitio donde hay que explicar lo obvio. Que ya está bien de pintar rayas donde no toca para que yo me pelee con el vecino del cuarto mientras los listos sacan la pasta en bolsas de basura y esconden y trituran documentos inculpatorios. ¿Será que el 3% es sólo una ventanita a grandes “colinas del perro” en algún país lejano? ¿Será verdad que lo que se esconde en Nueva Zelanda, en Acapulco o la Rivera Maya o los tratos con mafias extranjeras es invisible desde “Ítaca”? ¿Alguien duda de que haya cifras astronómicas maquilladas tras los porcentajes conocidos?

Ya sabréis disculpar mis muy mexicanos receptores olfativos que se exacerban con facilidad.

Esperemos que las urnas y la justicia esta vez sí pongan a cada uno en su sitio.

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