Política y perversión. Una perspectiva psicoanalítica

29 de octubre de 2105

Hace muchos años,  antes de vivir en España, un tío mío, “rojo de caviar y coñac” que  se dedicaba a asesorar políticos  me dijo que Jordi Pujol era como una vedette. En aquel momento no entendí el alcance de lo que oía, pero lo guardé bien en algún sitio. Luego el tiempo trajo esas palabras de vuelta. Ahora no sé si la vedette era Pujol o los que vendían  los ciudadanos a su causa  mientras él nos catalanizaba a todos a la vez que hacía crecer sus negocios y los de su familia.

No se puede dejar de lado a quienes  han mantenido a la casta pujoliana en el poder y que si pudiesen, la seguirían  manteniendo. A los creyentes nadie les ha obligado a nada, lo suyo es una opinión “libremente” expresada en las urnas. Se puede hacer un análisis chabacano del nacionalismo diciendo que a muchos les da igual que les zurzan  mientras les zurzan en perfecto catalán o se puede intentar hacer un diagnóstico tan profundo como inútil.

El diagnóstico de estas cuestiones políticas  ahora mismo da un poco igual porque dudo que ningún representante  se ponga a leer estos análisis y porque en vista de los hechos y las circunstancias vale más un furgón de policía que un psicoanalista sesudo.

Claro, yo ya sé que no sirve de mucho pero aún así,  llevo tiempo pensando en ello y lo comparto.

En esta frase se esconde, a mi humilde entender, la explicación  de por qué se perdona la corrupción y la podredumbre política.  Octave Mannoni acuñó la frase Ya lo sé, pero aún así

El psicoanálisis  lacaniano incide en la falta, en el vacío y sobre todo en la manera en que el sujeto intenta sobreponerse al hecho de la falta. Y definámosla como el vacío, lo que no hay, lo que se busca o a lo que se aspira.

El origen está en lo más primario del ser humano y la relación con un gran Otro encarnado por la madre en primera instancia. El niño descubre que la madre no es un ser completo ni  perfecto y trata de colmarla de llenarla, de satisfacerla. A veces el niño necesita obviar que la madre no es perfecta porque si no lo es ella que hace de espejo quizás el niño tampoco pueda serlo nunca. Ha de entrar en juego el No encarnado por el Padre o figura que haga su función, que es quien muestra la falta, que corta.

Pero las personas necesitamos la “zanahoria” y a menudo esta se encuentra en lo prohibido, que aunque no sea perfecto y aunque sea de otro, hacemos como si lo fuera y vamos tras ello  porque es nuestro modo de seguir hacia adelante, ignorando las carencias  y los límites y a veces despreciando a quien nos las hace ver.

Una y otra vez actuamos la fórmula “ya lo sé pero aún así…” y entonces tampoco es casualidad que esto se aplique a la política que en el fondo es una manifestación humana como otras.  La fórmula en sí misma no es indicativa de patología,  por supuesto, porque si el humano no fuese capaz de pasar por alto supuestas limitaciones  no habría productos creativos ni ciencia, ni tecnología ni casi nada. Sin embargo hay una línea muy fina que pasa de obviar limitaciones y llega hasta a encubrir tramas corruptas, ocultar delitos o hacer oídos sordos a aquello que traspasa los límites legales y por qué no , entiéndanse los límites legales como la función Padre, la del que dice NO. Es aquícuando la clínica psicoanalítica habla de perversión.

Iris Sánchez de la Asociación lacaniana Internacional  delínea tres características del perverso:

1) Tiene una particular relación con la ley. La transgresión es la regla por excelencia y las leyes comunes a todos son vistas como un obstáculo que busca la forma de evadir fingiendo que la respeta. Para él la ley que prima es la de su deseo.

2) El  otro es visto como un ser desechable y en general no es visto como semejante. Esto es necesario para poder hacerle daño sin sentir culpa.

3) El saber que cuenta es sólo el que está al servicio de la voluntad de goce del perverso.

Hay manifestaciones psicológicas que producen dolor psíquico que motivan al individuo a pedir ayuda. Sin embargo  las patologías  que  se acompañan de creencias políticas, religiosas o cuasi-religiosas son impermeables al análisis y la ayuda ya que producen un tipo de certezas y satisfacciones que las protegen de la razón.

Y extrapolando al terreno político, en el caso de regímenes totalitarios con gran cantidad de seguidores el problema subyace en que los sujetos que creen firmemente en un Otro son capaces de obviar sus faltas y sacrificarse o trabajar para  el bien de dicho ente al que creen que completan. Estas personas difícilmente escucharán la voz que corta aquello que no es más que una fantasía infantil de completud y perfección.

Sí, habéis leído bien. Estoy afirmando que quienes se aferran a ideas políticas que endiosan líderes e ideales que pasan por encima de las leyes creadas por las personas para regular lo que desde tiempos inmemoriales nuestra cultura ha definido como el bien,  son perversos.

Su perversión reside en saber que pasan por encima de personas , que se saltan las leyes pero AÚN ASÍ consideran que su gran Otro, su gran  Dios creado necesita que ellos lo completen y hagan oídos sordos a la realidad que se impone.

Estos días vemos grandes ejemplos de exaltación patriótica en Cataluña, una nueva presidenta del Parlamento que hace años pone su fuerza al servicio de algo que considera una gran empresa, un séquito de votantes que casi ruega que se contravengan las reglas del juego aunque sepan que eso puede dañarlos a ellos mismos, al resto de ciudadanos y traer consecuencias legales y, por supuesto, morales.

Quizás la parte interesante de todo esto es que a menudo cuando el perverso se salta las reglas a sabiendas en busca de “la zanahoria” es bastante habitual que esta desaparezca cuando la toca. Porque una cosa es lo cree el perverso y otra muy distinta, que el mundo funcione como él cree.

Se teoriza sobre el Padre, la Ley o el NO y estos, afortunadamente, existen.

Y ahora parece que el No tiene pinta de furgón policial.

Suerte conciudadanos.

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