Kandelikas

Se acerca Janucá. Otro año más recibimos la que es, con diferencia, mi fiesta favorita del calendario judío. Como todas, tiene su historia, por supuesto.

En el este mes de Kislev que suele coincidir con noviembre o diciembre se celebra la recuperación y reinauguración del templo por parte de los Macabeos. Este había sido profanado por los Helenos que en aquel entoces dominaban Judea y que además de imponer el culto a los dioses griegos necesitaban el dinero que se guardaba en el templo para pagar a los romanos que los dominaban a ellos. Nos remontamos al 138 a.C.

Dice la historia que se puede leer y que es la que me contaban desde que era pequeña y la misma que le he contado a mis hijos que en Janucá se celebra el milagro de la luz. Los Macabeos entraron en el templo profanado por los soldados de Antioco IV y solo encontraron aceite  para un día. Encendieron la menorah y la luz duró 8 días, el tiempo que necesitaban para volver a producir aceite para encender la lámpara y poder reinaugurar el templo.

Como recordatorio del milagro encendemos velas durante 8 días seguidos. La menorah “creció” dos velas, es decir, en vez de siete tiene nueve. La del centro nos sirve para encender cada día una vela más hasta que quedan todas las velas encendidas.

Esta que escribe se da cuenta de que quizás en la historia que repetimos a los niños hay una parte mítica, mágica. Así lo veo yo pero ya me parece bien. La luz de las velas  se pueden  encender  si uno quiere , a diferencia de las de shabbat, en la oscuridad. Podemos dejar que las velas nos ayuden a crear la pequeña magia de la fiesta. Y  ahora, si me permitís, paso del mito, de la historia a lo más íntimo y hoy os abro un hueco para que entréis en mi fiesta.

Las velas, se encienden en la cocina a oscuras, cada niño  con una janukia y recitan las bendiciones. Se puede ser muy devoto, poco o nada creyente pero el  momento de agradecer  al altísimo por habernos creado, dado la vida y hecho llegar hasta hoy es un momento conmovedor de la corta y entrañable ceremonia de nuestra cocina donde durante  unos días se canta y se cena a la luz de las velitas. Esta luz que  a veces, cuando las criaturas eran pequeñas era especial y hacía aparecer algún regalo en sitios insospechados de la casa.

Uno de esos años mágicos descubrí en un concierto de Klezmer la canción de las Kandelikas y desde entonces cada Janucá encontrábamos alguna noche para llamar a mi abuela al otro lado del mundo y que escuchara a sus bisnietos cantarle en la lengua que su madre había llevado a México desde lo que fue Monastir. La risa gozosa de mi abuela y las vocecitas infantiles cantando en judeoespañol  esta canción simple y felicísima  quedan ahí  como herencia.

Ya que abro la mirilla es necesario siempre recordar  la tercera vela de Janucá. Mi abuelo paterno, un polaco que salió de casa en el año 1920 usando el pasaporte y el nombre de su hermano menor para no tener que enrolarse en el ejército rojo, vivió en México hasta el fin de sus largos días utilizando el nombre de pila de su hermano y nunca llegué a saber su verdadera fecha de cumpleaños. Sólo sabía que cumplía con la tercera vela de Janucá y ese día lo celebramos siempre. Esa  vela cada año la enciendo en recuerdo de un hombre bueno, uno de esos que una vez fabricado, se rompe el molde, el que me llevó a caballito hasta herniarse y que hacía conmigo casitas con los cojines del sofá.

Así sembramos en casa y  seguramente mis hijos un día guarden sus propios recuerdos entrañables de esta fiesta. Quizás los tejan  con hilos que puedan salir de esta oscuridad que rompemos con luces y canciones viejas, con la voz de su abuela que llama para desearles un feliz Janucá y se empeña en que reciban algo que venga de ella  que los añora desde allende el mar.  Seguro que algo quedará de todo esto.

De nuevo encenderemos velas 8 días, comeremos frituras, cantaremos, agradeceremos por estar, recordaremos a los que no están y ojalá que las luces mágicas nos traigan algo.

Jag Sameaj y  luz para todos.

Anuncios

Un comentario en “Kandelikas

  1. Me encanto, y me emociono oir de los abuelos y de lo que hacia en casa con todos los niños estando tu entre ellos, ahora estas lejos y nos faltara su presencia, pero lo siguiéremos haciendo como hace jaloshientos años

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s