Ciberacoso nacionalista catalán.

Antes de llegar el día en que salí de una dependencia oficial con el resguardo de una denuncia que hice por una infracción penal interpuesta contra “alguien”, hubo unas cuantas ocasiones en las que me hubiese gustado perder toda la educación y la cortesía y enviar a mis “interlocutores” a donde se merecían.

Desde que el denostado Artur Mas decidió tirar de “masas” para seguir viviendo contra España mientras hacía uso de fondos del Estado y transcurría el tiempo para empeorar o atemperar el inevitable destape de una de las peores tramas mafiosas de la historia de España, han sido los creyentes del nacionalismo catalán quienes se han encargado, en gran medida, de intentar acallar, por simple amor a la causa o por pura necesidad de protagonismo, a quienes llevamos desde entonces siendo su “mosca cojonera”.

El lector puede estar tranquilo o quedarse con la curiosidad, porque hoy no pienso citar ningún nombre. No seré yo quien haga que, debido a mis palabras, nadie con quien pueda tener afinidades políticas, se convierta a su vez en acosador de aquellos que han considerado indispensable saber quién era yo, con quién vivía y dónde, para después publicar en Twitter la fotografía del portal de mi casa acompañada de un dibujo de una serpiente y su correspondiente leyenda.

Y os pongo en antecedentes. No se sientan mis acosadores nada especiales, porque otros han llegado antes. Desde despachos de abogados de esos que mandan correos de los que ponen un membrete al final y prohíben terminantemente la reproducción de lo escrito nos enviaban, ya en 2012, algún mensaje sugiriéndonos a mí y a mi cónyuge que nos marchásemos de este sitio que “tan mal nos ha recibido, acogido y dado de comer”. Y ahora es cuando el acosador que lee asiente satisfecho y sonríe con la mitad de la boca. Si uno va negándose categóricamente a pasar por el aro inmersionador e insiste en que las movidas de la ANC y la supuesta independencia son una excusa para tapar montones de millones robados y corrupción, se merece que lo acosen, ¡Faltaría más! ¡A que sí…!

Al mismo tiempo, ésta que escribe, ya era una insignificante pero muy crítica voz del uso torticero que hacían conocidos personajes del separatismo catalán, la propia Generalitat y organizaciones subvencionadas, del tema del sionismo, el judaísmo y el Estado de Israel para su propio provecho. Y me explico. Hace ya muchos años que CDC y otros comenzaron a hacer paralelismos de Cataluña con el Estado de Israel, intentando utilizarlo a su favor para justificar su existencia como hipotético estado independiente. Me he opuesto siempre a dicho aberrante paralelismo, empezando por el hecho de que la autodefensa del Estado de Israel está basada en que es un Estado democrático y judío rodeado de verdaderos enemigos dispuestos a destruirlo con armas, guerra, terrorismo islamista o propaganda desde el mismo principio de su existencia. Cataluña no es ni ha sido un Estado nunca, ni hay más enemigos que quienes fracturan a la sociedad y ya de la “destrucción” y la armas, ni hablemos (y no cuentan los cazas del Ejército que realizan maniobras en toda España, aunque a Raül Romeva le asusten).
El régimen nacionalista catalán en general, hasta que han aparecido en escena Romeva y la CUP ha sido filosemita y ha sacado buen provecho de ello. Ha intentado fomentar buenas relaciones comerciales con el Estado de Israel e incluso intentado hacer ver que si se convirtiesen en Estado recibirían el apoyo del gobierno israelí, lo cual al final no era cierto(sorpresón). Las organizaciones filosemitas subvencionadas se han empeñado también en menospreciar el sefardismo y han recalcado la existencia de judíos catalanes antes de la expulsión como si estos hubiesen sido diferentes de los de Tarazona o los de Toledo, por decir algo, y como si hubiese necesidad de quitarse el españolísimo sefardismo de encima.

Han mostrado una gran necesidad de capitalizar lo sionista y lo judío en favor de su supuesto futuro Estado. Algunos nos hemos opuesto y hemos sabido siempre que esto no iba a ninguna parte. Tal vez simplemente es que no teníamos tanta necesidad de cariño como otros que decidieron arrimarse a lo que parecía el sol que más calentaba.

De este ámbito han salido quienes muy indignados por nuestra negativa a pasar por el aro, mostraban gran interés por conocer mis datos personales y familiares, en plan “ijika de ken sos”, no fuese que el pariente y yo siguiésemos poniendo los pies fuera del tiesto. Durante meses he reservado esta información para mi círculo cercano, porque desconfío del equilibrio mental de algunos y porque considero que el valor de las denuncias públicas que hago en este blog y en mi cuenta de Twitter no está en la persona que soy, sino en las cosas que tengo que decir y que, por cierto, seguiré diciendo a pesar de las amenazas.

Es el ámbito personal el que se viola si uno hace indagaciones exhaustivas para conseguir el nombre y la dirección de alguien con la finalidad de amenazarlo y procurar que, por miedo, atemorizándole, deje de decir todo aquello que molesta a otra ideología. Quien se adscribe a una causa para cubrir sus propias carencias mentales o afectivas hasta el punto de violar la intimidad de otro porque considera legítimo hacerlo (” porque yo lo valgo”), al menos en este país, comete una infracción penal.

Quizás los que claman que aquí no hay fractura social necesitan hacer autocrítica y valorar hasta qué punto han perdido el control de su gente y de sus impulsos y comprobar que han cruzado los límites que rayan en lo delictivo.

Salud

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