Semana de locura terrorista y ceguera

Es una semana negra para Europa. Estamos en guerra.
Cuando un “pobre hombre deprimido hace un atropellamiento masivo en una playa francesa y en Alemania se suceden tres eventos de esos que aquí llaman de “violencia machista”, “ataques de locura” o “problemas mentales” y lo que más se lee son los esfuerzos denodados para no decir nunca que todos tienen un denominador común que es la inspiración islamista es que quizás somos nosotros quienes tenemos un problema mental.
No dudo que las personas que han sufrido acoso escolar, como dicen que le pasó al chaval que disparó en un centro comercial de Munich a todo el que estaba enfrente, tengan problemas mentales, y hasta tengan motivos para querer vengarse de quien los ha perseguido. Tampoco me atrevo a cuestionar que el padre de familia que atropelló a quienes celebraban la fiesta nacional francesa en Niza fuese un perturbado y por supuesto que un hombre que ataca con un machete a una mujer embarazada en un tren alemán o que lleva encima un artefacto explosivo para entrar en un concierto no son modelos de salud mental. Hasta ahí, vale.
Pero si vamos a perder de vista las conexiones de algunos de estos individuos con el Estado Islámico, la radicalización de jóvenes nacidos en Europa y la más que probable y difícilmente controlable llegada de algunos que aprovechan los movimientos migratorios para venir a cumplir el mandato de crear su Estado, sin prisa pero sin pausa y aunque hayan de dejarse el pellejo en ello quizás somos nosotros quienes habríamos de pasar por la consulta del psiquiatra para curarnos la ceguera selectiva.
El terrorismo islamista no es nuevo. Lo de ir con el machete en el transporte público o explotar en la puerta de un restaurante, lo viven los israelíes a menudo. En Jerusalén sigue muriendo gente por ataques de adolescentes “motivados” que salen por la mañana con el cuchillo en la chaqueta y a veces con la bendición de sus madres. Europa tiene un espejo donde mirarse pero no quiere utilizarlo.
La prensa progresista y la diplomacia bienpensante o más bien “bienhablante” busca eufemismos para no decir que nos pasa lo mismo que sucede en Israel. Como Europa ha decidido sentirse culpable y como las víctimas de turno para Europa llevan la cabeza tapada y sufren islamofobia nos estamos dejando cazar como conejos.Si hay musulmanes moderados son tan víctimas como cualquier europeo  y tan muertos potenciales como ustedes y yo. Ninguno cabemos en la interpretación literal de sus escrituras y,  o somos un estorbo para los negocios de quien mueve los hilos, o matarnos es simplemente parte de su negocio.

Los lobos solitarios y buscadores de excusas son un instrumento perfecto de quien nunca se ensucia las manos y sabe bien que la locura siempre ha buscado sus salidas:en ocasiones matanzas, en otras, suicidios, en otras maltrato. No es raro que algunos perturbados recalen en brazos del radicalismo islámico, que busquen respuestas en un mundo que les justifica cuando dan rienda suelta a su frustración y su odio y les ahorra la tan humana culpa. Esto ha pasado siempre.
Decidme que no había soldados nazis locos, que no hace falta ser psicópata para matar como lo hacía ETA o que los suicidios colectivos en ranchos americanos no tienen su buena parte de perturbación.

El manantial del que bebe la frustración, la psicopatía, la depresión y el odio de quienes nos están matando se llama Estado Islámico y parece que es muy convincente.
Estamos en guerra y hay soldados muy locos.

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