Normalizar el menosprecio a la convivencia

 

En la Cataluña cíclica,  tras el anuncio de que Artur Mas y sus secuaces de desobediencia pueden ser inhabilitados pero no juzgados por malversación aunque hayan malversado fondos para montar fiestas prohibidas, toca a las plañideras del aparato mediático hacer cuanto más ruido mejor para que el gobierno secesionista saque del asunto tanto rédito político, votos y si cabe hasta fondos del Estado (siempre cabe).
Hoy 5 de octubre se está celebrando el debate de política general en el Parlamento catalán y nada puede desentonar en el discurso oficial: “referéndum secesionista sí o sí”, es decir con o sin acuerdo con el Estado y sin encomendarse a nadie. Es verdad que nuestro flamante bachiller Puigdemont va camino de pactar con la CUP para que el siguiente evento de los volemvotars  sea en septiembre de 2017. ¿Qué otro consenso puede necesitar teniendo el apoyo de los jefes de la CUP? Es casi divertido que a dos días de conocerse la probable inhabilitación de Mas por saltarse la ley ( o sea el consenso de consensos) a la torera hoy estemos con estas.
Esta semana la radio pública catalana entrevistó al exconsejero de Gobernación Xavier Vendrell, orgulloso exmiembro de Terra LLiure quien, en antena, incitó a evitar físicamente que se juzgue a Artur Mas y sus secuaces. No es de extrañar tomando en cuenta que Cataluña Radio acoge gustosa a Otegi pasándose por el arco del triunfo a los muertos de Hipercor y otros catalanes asesinados por ETA ( de los muertos del resto de España ni hablemos).
El equipo de Silvia Cóppulo en la radio pública catalana se hizo eco de la incitación de Vendrell en un tuit que luego trató de explicar sin decir nada nuevo y que hoy mismo ratificó como un acto de apertura, buenas intenciones, profesionalidad y pluralidad.
Si es que aquí todo esto es habitual, y como dije antes, cíclico. Estamos en la cresta de la ola y toca movilizar a los independentistas aburridos de oírse a sí mismos. Todo vale en nombre del gran objetivo, que se supone que es la independencia. A mí me preocupa un poco la salud mental de los que se creen lo que el aparato de agitación les cuenta. Sufro al constatar que hay un grupo de población con carencias afectivas lo suficientemente severas como para necesitar que les toquen arrebato, que les llamen a salir a la calle y “poner el cuerpo”, que aplauden los exabruptos de gente como Rahola o Moliner y que no caen en la cuenta de que pagan medios que dan el micrófono a gente capaz de hacer barbaridades como Otegi o Vendrell.
En Cataluña el concepto de “Normalización” es usual porque se ha utilizado para que la lengua catalana entre a formar parte del día a día de los ciudadanos no catalanohablantes. Existe el llamado Consorcio para la Normalización Lingüística, que se ocupa de promover, enseñar y llevar el catalán a la gente de la mano de profesores, voluntarios, subvenciones y su correspondiente publicidad para conseguir que sea utilizado, que sea “normal”. Si se consigue o no es discutible y no es a lo que voy. Me interesa la normalización.
Con el proceso independentista y su neolengua se han normalizado ideas y definiciones de palabras que prevalecen en la vida diaria desde hace unos cuantos años. Por ejemplo: “demócrata”: persona que acepta la necesidad de un referéndum secesionista, “facha”: español o españolista, “convivencia”: capacidad de tolerar que a uno le miren como extranjero en su casa sin que se le borre la sonrisa y “legalidad”: lo que diga el gurú independentista de turno. También se ha hecho habitual que los medios de comunicación pagados por la ciudadanía (y de momento se supone que tanto secesionistas como no secesionistas somos igualmente ciudadanos) adopten el discurso del prusés, que se trate al españolista como oponente y que se llame a la movilización ciudadana y se haga activismo en los medios sea o no legal. Es normal saltarse la ley que total es una ley española y “nosotros nos queremos ir”. Si me lee algún indepe, cosa poco probable, es posible que encuentre todo esto que cuento como lo más natural del mundo.
Hoy mismo está el que debería gobernar para todos los catalanes, aunque lo hayan colocado a dedo, desafiando la legalidad en un estrado y aquí no pasa nada. Estamos en la cresta de la ola. Ya bajará y luego… hasta la siguiente porque no sea que a alguien le dé por pensar que hay que dar una palmada en la mesa de una puñetera vez y la dé sin importar  que las plañideras bienpagadas de la Generalitat lloren hasta secarse.

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